Una nueva vida. La Cienorgasmología vuelve a ponerse a prueba


Hace unos meses me he separado de mi mujer -sí, yo también soy prescindible como cualquier humano; y si Brad Pitt, Tom Cruise y tantos otros que valen mucho más que yo han sido corneados y/o abandonados, por qué iba a ser un simple mortal como yo una excepción- y he comenzado nuevas relaciones, lo que me está permitiendo vivir otras perspectivas diferentes sobre la sexualidad, que aunque se mantengan en lo esencial del método cienorgasmológico inalterables, comportan distintos estilos de personalidad y de respuesta sexual que obligan a emplear diferentes estrategias para conseguir el fin de que la mujer alcance la cienorgasmia. Nuevos retos para confirmar o no la potencia de un método y de un cerebro ocupado de explorar los límites de la excelencia sexual.





Por lo tanto, gracias a la nueva vida que estoy comenzando, a lo largo de los próximos post repasaremos -ya que estoy iniciando el proceso con nuevas mujeres- cada uno de los pasos del Manual Práctico de la Cienorgasmología, mientras iré detallando las dificultades que me voy encontrando debido a las características propias de mis nuevas parejas sexuales y la forma de hacerles frente.

He de decir que -como humano que soy- en los últimos años de mi relación con la primera cienorgasmóloga conocida de la historia de la humanidad, mi sexualidad se deterioró hasta un punto que muchos de los lectores antiguos del blog no podrían creer, viéndome forzado a desandar el camino hacia una practica sexual de un nivel ínfimo. Y aunque el que tuvo, retuvo, he perdido gran parte de la vital seguridad en mis habilidades y otra de magnitud similar de las habilidades en sí mismas: había pasado de la cienorgasmología al primario metesaca. De las razones de ese deterioro, aparte del obvio entrenamiento negativo que supone la práctica deficiente, también hablaremos en lo sucesivo, para alertar a los lectores sobre los límites que no conviene franquear si no se desea, a base de seguir experimentando, destrozar todo -absolutamente todo- lo alcanzado. Ya hemos hablado de ello en alguna ocasión, pero volveremos a recordarlo por su trascendental importancia.


Tras unos pocos meses en los que no sólo he tenido que reentrenarme a mí mismo -renacer como el Fénix- sino también reentrenar a mi primera nueva compañera sexual, ayer mismo alcanzamos una cota de entre treinta y cuarenta gratificantes orgasmos en tres horas, lo que supone entre doce y trece por hora, muy alejado de los cien, pero también del uno por hora de los primeros contactos en nuestros recientes principios. Durante estos pocos meses he probado casi de todo, incluyendo estrategias realmente incoherentes con la Cienorgasmología, en un casi desesperado intento de arrancarle más orgasmos, pero como sabemos, nada excepto el cerebro frío y entrenado de un cienorgasmólogo experto puede conseguir grandes resultados.

Uno de los principales problemas que esta mujer traía consigo tras más de quince años de relación -además de los que yo he aportado- es la ausencia de feedback respecto a mis toques, lo que me impedía conocer el efecto de cada una de mis acciones, como si dirigiera el concierto con tapones en los oídos, y por tanto ajustar mi batuta a los requerimientos de cada instante; pero también otros, principalmente la estructuración de sus deficientes hábitos.

Esta ausencia de feedback se manifestaba en varios frentes:
  • No aportaba información con respecto a mis toques.
  • La información que aportaba no era coherante con mis toques, parecía ir a su aire, independientemente de lo que yo hiciera, para mi frustración.
  • No aportaba información con respecto al inicio de sus orgasmos.
  • Tampoco con respecto al final de sus orgasmos. No experimentaba período refractario, lo que me privaba de unos datos esenciales.
  • Su inhibición era una de las razones que le impedían ser demasiado explícita, le faltaba confianza conmigo y no se entregaba al cien por cien.
  • La ausencia de feedback me restaba confianza en mí mismo y mis habilidades, empujándome a basar mi paupérrimo éxito más en la resistencia y en la fe que en la técnica.
Estas dificultades generaban un círculo vicioso que estoy poco a poco convirtiendo en virtuoso, tal y como iré explicando en próximas entradas.

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